A no ser que no exista.

A no ser que no exista.
"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela: su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio." Carlos Ruiz Zafón

jueves, 8 de septiembre de 2011

Aishiteru.

Seguir, avanzar, continuar, esperar, amar, sentir, expresar, intentar, reflexionar, llorar, reir, gritar, recordar, escuchar, hablar, pensar y soñar. Contigo se que todo sería posible. Contigo el camino no sería monotonía. Podria dar cada paso con seguridad, sentir la confianza, avanzar hacia lo que me espera, hacia lo que nos viniera mañana. No seria facil, pero nunca es sencillo. Aun asi se que Tú, mi angel, mi recuerdo, mis fuerzas, mis esperanzas, mis ganas, todo por lo que siento, todo por lo que no duermo, todo aquello por lo que existe mi frustación, TÚ serias capaz de arreglarlo todo con solo decirme Te Quiero. Esa dulzura con la que sale de tus labios, esa ternura con la que me miras, esos ojos que brillaban y me hacian mantener la calma. Se que seguirás a mi lado, que no me dejarás sola, que jamás me hallaré fuera de tu compañia. Se que lo que siento es real y que no podrá marchar. Y si algún dia no estás, para protegerme, para besarme, para hacerme sentir querida, para consolarme, para escucharme, para mirarme, para hablarme, para hacerme volar en una decima de segundo a tu lado... seguiré queriendote como lo he hecho hasta ahora. Dulce la magia del sentimiento, del pensamiento con el que me haces sonreir. TÚ y solo TÚ lo haces posible. Seguir, avanzar, continuar, esperar, amar, sentir, expresar, intentar, reflexionar, llorar, reir, gritar, recordar, escuchar, hablar, pensar y volver a soñar... tan solo contigo.

martes, 2 de agosto de 2011

Sabrás leerlo.

Me prometí a mi misma que no volvería a llorar. Prometí no hacerle caso y no sufrir más. Quise pensar que podíamos hacerlo, que juntas huiriamos a algun lugar donde poder ser felices... 

Que ingenua he sido... Su opinión es la misma que la de él. Pues si, eso es lo que opinan está bien. Seré feliz sin ellas.. No lloraré jamás por nada, no volveré a sentirlo... Reiré de nuevo aunque no sea contigo, aunque no sea feliz... Dejaré de recordar lo que fuimos y que jamás seremos de nuevo.

Ella llevaba razón, venimos de lugares diferentes y llegaremos a finales distintos, lo único, que hemos acelerado el proceso. No volverá a caer una lágrima, no volverá a tronar la tormenta sobre mi casa, borraré todo lo que tengo sobre ti si es lo que ellos opinan.

Es verdad solo soy una niña de 15 años... llevais razón, tan solo soy una cria que no sabe lo que quiere... debería hacer caso a los mayores y someterme a ellos hasta llegar a ser una adulta y entonces convertirme en un robot programado para trabajar, comer, dormir y procrear para que esta asquerosa especie en la que nos hemos convertido no se extinga.
Deberias sentirte bien, porque he derramado mis ultimas lágrimas sobre tu foto, ahora ya no me queda más que decir, solo que te quiero, no has tenido nada que ver en mi decisión... es cierto... es solo lo que tú opinas.

Maybe he should know the truth.

Le estoy escribiendo un mensaje. Sigo hablando con él... y estoy aterrada. El miedo corretea bajo mis pies así que no tengo más remedio que cruzarme de piernas y esperar. Esperar a que la culpa se marche y deje de llamar a mi puerta.
No se si será lo correcto que vuelva a verlo, la verdad es que me gusta hablar con él, me siento mejor, siento casi que respiro. Pero me siento mal por ella... ¡Al cuerno si se enfada! Es mi vida y ella no va a decirme lo que está bien o mal, no tiene derecho a hacerlo. La quiero, pero tiene que entender que él es mi amigo y que no lo voy a dejar de ver.

Siento que mi corazón se detiene, que burbujas de aire corren por mis venas intentando hallar sitio en el corazón. No puedo respirar, ahora hay demasiada presión. Es agua. No puedo abrir los ojos, creo que mis pulmones se cierran, intento mantener la calma pero es imposible... y entonces, encuentro su mano en la oscuridad, tira con fuerza y salgo a la superficie con él...

''No es el cielo lo que quieres tocar'' Irremediablemente tiene razón.
Los sentimientos van creciendo poco a poco como partículas de polvo que se acumulan encima de esa caja de música que lleva años cerrada, y la llave, la llave que la abre... que algún día perdí en su corazón, quiero recuperarla. Inseguridad, cuando se pone frente a mi y me pierdo en sus ojos. Nunca antes había percibido así su mirada, era distinta... su forma de hablarme, su manera de tratarme... Quizá solo lo sienta yo.

Miedo, la alarma suena cada vez que me mira... pero él lo hace desaparecer. Aunque caiga se que él estará ahí conmigo. Tal vez las paredes se cierren y el techo empieze a correr, quizás mientras las pesadillas perturban mi mente en la noche, las sábanas me aten y cuando grite al despertar, nada tenga sentido, ni las magulladuras de mi cuerpo ni el sentimiento en mi alma cuando cae la noche.

La luna ya no protege a los amantes...

sábado, 25 de junio de 2011

Watashi wa anata ga inakute sabishii

Despierto de nuevo, a altas horas de la madrugada, sin poder parar de pensar, sigo pensando en ti, no se lo que vendrá tras desvelarme otro dia más, con tu olor en mi cama, con tu mirada de nuevo clavandose en mi, tan dulcemente como solias hacerlo. Subo a la terraza, a contemplar otro amanecer más, otro que veo porque no me vence el sueño. Pueden mis ganas de recordarte, de verte, de quererte. Como te fuiste y como jamas volverás. Veo tus fotos mientras el sol sale poco a poco a compas del viento que lleva mis lagrimas y esa canción que suena una y otra vez en mi cabeza. Esa dulce melodia de tu voz que no consigo recordar. Tu figura la cual no logro que permanezca mas de dos segundos en mi cabeza sin que antes desaparezca de nuevo para marcharse como tu lo hiciste. Y esta vez realmente quiero que aparezcas, quiero que me digas que me quieres, quiero una despedida, quiero sentirte de nuevo, odio esta frustación. Y aunque parezca que he crecido, que ya puedo hablar sin llorar, no es cierto, sigo siendo tu niña, tu dulce y delicada pequeña. Necesito que me abraces, necesito soñar contigo, quiero perderme en mi destino, no quiero seguir si no es contigo. Te necesito y ya no se como expresar que te quiero. No puedo olvidar que no estás. No hago mas que recordarme a mi misma que lo podré superar. No quiero continuar el camino sabiendo que te he perdido. No quiero palabras de pena, no quiero consuelos ni falsas promesas. Odio tener que ocultar que lo siento y que lo sigo sintiendo. El sol cada vez sube más alto y yo cada vez me siento más abajo. Debajo de todo lo que era la felicidad y que ahora solo es soledad. Quiero sonreir sin tener que mentir, quiero gritar que te quiero y que puedas oirme donde estes alli en el cielo. Te hecho de menos, es tan dificil decirlo, sera tan complicado entenderlo. Podre algun dia decir tu nombre y sin derramar ni una sola lagrima. Podre algun dia ver tu foto y no sentir que caigo en el vacio. Quiero volver atras en el tiempo y seguir contigo, que volvamos a aquel lugar donde fuimos felices, donde no existia la tristeza, ese sitio en el que caminabamos uno junto al otro, donde si caia tu estarias para ayudarme y donde si no existia la luz tu iluminarias mi camino. Necesito un guia, una mano junto a la mia, un alto en el camino, un espejo para mirar y poder avanzar. Dame un minuto a tu lado para respirar de nuevo en la superficie y que no exista un final. Llevame contigo a ese lugar tan especial. Es que no te das cuenta de cuanto necesito. Como pudiste hacerlo, como te atreviste a dejarme sola, no podria perdonartelo  jamas pero te quiero demasiado y estare contigo para siempre, se que estaremos juntos. Mi corazon sigue hecho pedazos y tu no podras hacer nada para arreglarlo. Algo esta pasando, ya no puedo dibujar tu sonrisa si no veo tu cara en una foto. Necesito tenerte de verdad. Te quiero y eso es todo lo que puedo decir sabiendo que te hecho tanto de menos. Perdoname por la inmadurez, pero se me hace duro no poder abrazarte. Estes donde estes, creéme... nos encontraremos.

domingo, 15 de mayo de 2011

Será inevitable...

Empieza un nuevo día y se que va a ser exactamente igual que el anterior, voy a levantarme, otra vez a estudiar, volver a casa, comer, sentarme... Otra vez la misma serie en televisión... No hay nada interesante que hacer frente al ordenador, de nuevo a hacer la tarea, me acuesto y al día siguiente volverá a ser lo mismo... Ya no hay nada interesante por hacer, la monotonía es algo que sabemos que nos invade aunque no queramos darnos cuenta. Pero no solo es el día a día el que cae en esa irrefutable monotonía también existen otras cosas, por ejemplo las relaciones, las amistades, las conversaciones, los intereses... todo, absolutamente todo acabará en el vacío absoluto a no ser que nosotros mismos hagamos algo para remediarlo. Es inevitable a no ser que queramos, pero, en realidad, ¿merece la pena evitarlo cuando no encuentras motivos? No es fácil...
El día en que deje de respirar, el día que no pueda tocar tus manos, el día en que no puedas oirme decirte te quiero susurrando al oído. El día en que no puedas llamarme, cuando ya solo puedas verme a través de una foto, cuando el sol aparezca y yo ya no esté para verlo, cuando las estrellas brillen y no estemos juntas. Será entonces, cuando no podamos vernos llorar ni podamos reír juntas cuando sabremos si realmente nos queríamos. Pero hasta ese día todo seguirá igual e irremediablemente no podremos hacer nada para cambiarlo. Porque el día en que una de las dos no esté para contarlo entonces ese día seremos cómplices de un engaño, de una mentira de algo que no pudimos evitar, y que sin embargo sucedió. No podemos hacer nada al respecto, es duro pero ya se sabía, por mucho que intentemos nunca será lo mismo, ya no existirá el aire, ni se podrá respirar ese mismo aroma de entonces. Te quiero y se me hace difícil decirlo, pero ya no puedo perdonarte, se que quizás si me esforzara lo conseguiría, pero ya no quiero intentarlo. Diré adiós a todo lo nuestro, a lo compartido, aquello que siempre guardé y seguirá ahí... ya no puedo echarlo de menos, ya no lo quiero... Te quiero a ti, es cierto, pero no puedo soportarlo. El engaño es el peor final, pero dejaré que el viento se lleve mis lágrimas y que ese odio siga en mi, perdóname, yo no podré hacerlo.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Lo necesito.


Ayer, reflexionando mientras intentaba dormir, sumida en mis pensamientos, evaluando mis sentimientos... no pude evitar pensarlo. Necesito un respiro, un tiempo... Solo un minuto. Un minuto basta. Tan solo un minuto más para poder disfrutar de esas pequeñas cosas que te hacen olvidarlo todo. Un sueño, ese magnifico sueño del que esperas tener un bonito fin pero antes, despiertas. Un beso. Ese beso que te hace sentir viva, que te hace suspirar, que mantendrás en mente y que hubieras deseado que fuera siempre el principio y no tuviera final. Un recuerdo, ese recuerdo permanente que vive en ti como el primer día y que nunca olvidarás. Un abrazo, que te hace sentir querida, que te hace volar durante ese pequeño espacio en el tiempo pero que quiere continuar... o una mirada. Esa mirada que desvela todo lo que siente, lo que piensa, esos ojos que brillan o esa sonrisa valiente que no tiene miedo de salir. Quiero, necesito un minuto más para poder hacer todas esas pequeñas cosas tan importantes y que, al pensar, te hacen vivir tu vida y de las que cada día necesitas como respirar.

miércoles, 4 de mayo de 2011

La esencia de Nora.

Aún no ha quedado terminada la otra historia, pero me parecía muchísimo más importante subir esta narración, especialmente por una amiga que me ha dicho que es preciosa y que tiene un valor muy importante que espero la gente entienda. Gracias Peque. =)

*****

La contemplé durante varios minutos, seguía sentada en aquel banco, pensé que esperaba a alguien o que quizás se había perdido. Ni siquiera se había movido. Su mirada fría, reflejaba miedo, sus ojos se clavaban fijamente en aquel quiosco, depositado diagonalmente frente al banco en el que yacía; llevaba cerrado años. Quizá ella no lo sabía. Nunca antes la había visto en la ciudad, tenía un aire extrañamente furioso y triste.

El viento hacía que su largo cabello rubio se moviera al compás de las hojas de los árboles que tenía tras ella. Parecía una chica de lo más normal, vestía unos vaqueros negros con unas botas marrones oscuras; por encima del abrigo color crema asomaba el cuello de un jersey blanco. Tenía frío, lo supe porque sus piernas temblaban, se estremeció y cogió los cuellos de su abrigo, los subió lentamente mientras cruzaba las piernas.

Una melodía sonó, actuó con audacia y rápidamente abrió su bolso que colgaba del brazo derecho de la extraña. Parecía que sus ojos seguían una y otra vez la pantalla del móvil como si estuviera leyendo un mensaje. Las lágrimas que salían de sus ojos bajaban lentamente por su dulce, delicado y ahora apagado rostro. Fui hacia ella, se asustó. Le pregunté que qué hacía allí en un día como ese, esperando delante de un quiosco cerrado, en el parque más apartado de la ciudad y tan solitariamente pensativa. Sin conocerme de nada y sin dudarlo ni siquiera un segundo me mostró el teléfono móvil, quedé perpleja al ver semejante mensaje.

Sé que ella está muerta y tú sabes que soy la persona, la única, que puede ayudarte. Desconfiaste y no me queda más remedio que hacerlo. Huye antes de que sea tarde o ella puede morir. ¡Devuélvemela!”

Estaba completamente aterrada, no supe que decir, ese mensaje me dejó... Sin palabra alguna. No conocía de nada a aquella extraña de ojos claros y llorosos. Pude haber huido o echado a correr, pude haber pensado que esa chica de rizos dorados y de rostro cálido estaba loca... Pero no lo hice.

- ¿Por qué me enseñas este mensaje? -. Le pregunté después de intentar asimilarlo.
- Tú eres la que está en peligro, por favor no huyas -. Me dijo derramando más lágrimas y cada vez con la voz más apagada.
- Está bien, pero, ¿quién te ha mandado ese mensaje, cómo sabes que soy yo, qué tengo que ver en este asunto para deber morir? -.

Cada vez me sentía más alterada, una extraña me acababa de decir que iba a morir y sin embargo no me había movido de allí. Sentía como la sangre corría por mis venas y los latidos de mi corazón eran cada vez más y más fuertes.

- Verás ahora no puedo explicártelo todo, solo tranquilizate y ven conmigo, no hagas más preguntas, por favor -. Sentenció

Se secó las lágrimas, guardó el teléfono móvil que aún sostenía en sus manos temblorosas y dijo con tono serio:

- Llevan siguiéndote meses, anduve detrás de ellos una temporada para que no pudieran hacerte nada, por lo menos antes de que pudiera advertirte del peligro. Sabía que siempre pasabas por aquí al volver a casa. Pero nunca he podido reunir el valor suficiente para acercarme y decírtelo, me tomarías por loca, está claro.

Intentando entender todas las palabras que salían de su boca clara y lentamente, asentí. Me levante esperando algo, pero no sucedió nada. Solo su mirada, clara, que yacía allí aguardando a que soltara una frase de consentimiento. Y entonces solo pude aclarar:

- Está bien pero creo que hoy no puedo ir contigo -.
- De acuerdo, aquí tienes -.

Sacó de su bolso una tarjeta violeta con letras en negro dónde ponía su nombre, su dirección, número telefónico y e-mail. Con rostro ahora sereno, se marchó vigilando que nadie nos hubiera visto. Yo estaba tan aturdida que ni siquiera al llegar al portal de mi casa logré observar que una sombra masculina aguardaba mi llegada oculto en el rellano agachado bajo la escalera. Abrí la puerta del ascensor, pulsé el número cuatro. Cuando llegó a su destino abrí de nuevo la puerta, esta vez más cautelosamente y con un poco de miedo, pero enseguida me di cuenta de que nada ocurriría. Al meter la llave en la puerta de mi casa un lento y pequeño escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Justo al cerrar y depositar el abrigo sobre la mesa de la entrada, sonó una canción. Corrí hacía la cocina y descolgué el teléfono móvil, situado encima de la mesa. No conocía el número pero igualmente opté por cogerlo.

- Eres Nora ¿Verdad? -.
- Si, ¿de parte de quién? -.
- Ten mucho cuidado con tus actos, conoce a tu enemigo y no te dejes engañar.

El pitido del teléfono móvil que señalaba la finalidad de la llamada me dejó totalmente helada y absorta ante las palabras pronunciadas por aquella voz tan grave y masculina.

Mi cabeza daba vueltas y más vueltas, iba asimilando cada vez más cosas, pensé que podría llegar a ser imposible almacenar tantos datos, de credibilidad nula para alguien tan normal como yo, en mi cabeza. Sin embargo poco a poco intenté hacerlo.

Estaba cansada, después de un rato de sentarme en la mesa de la cocina y pasar tantas cosas por mi cabeza sin sentido, dejé el móvil en la misma posición que lo encontré cuando llegué a casa, cogí la tarjeta violeta que estaba un poco arrugada de haberla aguardado en mi bolsillo y la puse al lado del teléfono. Me dirigí a mi habitación, sin dudar un segundo, dirigiéndome directamente a ella bajé cautelosamente la persiana; y quedé tan absorbida en mis pensamientos que de nuevo sin darme cuenta, pase por alto la misma figura masculina que aguardó mi llegada a casa después de hablar con la extraña. Me tumbé en la cama. Al cabo de unos veinte minutos perdí la noción del tiempo dándole vueltas a todo lo sucedido. Y al mirar el reloj depositado encima de la impresora del ordenador, pegué un salto de la cama. Había estado casi dos horas perturbando mi mente y mis pensamientos de cosas tan extrañas, que no me había dado cuenta ni de la hora ni de que ya era de noche. Volví a tumbarme, esta vez lo hice más cansada y casi derrotada.

El sueño vino tan deprisa como se fue, o eso pensé yo. Porque el reloj marcaba las diez en punto de la mañana, y seguía muy cansada. Casi ni me acordaba de todo lo ocurrido ayer hasta que fui a la cocina a por algo para desayunar, cuando vi la tarjeta violeta, tal como la hube dejado la noche anterior. Corrí hacia mi sala de trabajo y encendí el ordenador. Se encendió más rápido de lo habitual, pero no le di importancia; solo abrí el correo por mensajería instantánea y agregué el contacto que había escrito en la tarjeta. Me aceptó rápidamente. Pero no estaba conectada. Así que decidí mandarle un correo.

De: Nora
Para: Luna
Asunto: No puedo esperar más.
Verás he estado meditando sobre todo lo que pasó ayer y estoy algo desconcertada. Puedo creer todo lo que me dices, sí, pero necesito que me expliques que es lo que está pasando, te haría mil preguntas que pasan por mi cabeza en este mismo instante pero no lo haré. Ayer al llegar a casa me pasó algo realmente extraño. Si puedes, hoy mismo iré a tu casa, dime la hora, estoy realmente desconcertada te agradecería una explicación para todo esto muchas gracias. Contesta.

Lo envié y cinco minutos después subí la mirada y encontré esa foto que hacía tanto tiempo que no contemplaba tan detenidamente. Era fantástica, estaba tomada desde el ángulo perfecto, desde donde se veía esa sonrisa tan fantástica que era la de Jack, junto a él una joven de cabellos oscuros con una sonrisa fiel y real se dejaba abrazar. Vi algo en ella que hacía tiempo que no podía sentir, ilusión, y sobre todo felicidad. Olvidé todo lo que estaba pensando, pero recibí un correo.

De: Luna
Para: Nora
Asunto: A las doce y media.
Verás no puedo explicarte nada por correo. Prefiero ir a tu casa, ahí es donde nacen todos los problemas, por favor no te asustes, te lo explicaré todo a las doce y media cuando llegue. Esperame, y bajo ningún concepto salgas de casa. Llegaré puntual no te impacientes. No es necesario que contestes. Hasta pronto.

¿Donde nacen los problemas? ¿Que no podía explicarme nada por correo? Esta chica, Luna, estaba definitivamente loca, y yo aún más por creerla. Todo era absurdo. Totalmente desconcertante, como salido de un cuento. Salí de la habitación, me dirigía al salón y sonó el teléfono. Corrí a la cocina.

-¿Sí? ¿Con quién hablo?
-¡Nora! -gritó una voz eufórica y alegre al otro lado.
-Si, soy yo, ¿quién es?
-Jack. Llamaba para preguntarte si te venia bien que quedáramos hoy, tengo ganas de verte.
-Oh, Jack. Si bueno, yo también te hecho de menos, pero hoy no se si será posible, tengo un par de asuntos pendientes.
-Demasiado tarde -sonó el timbre

Era él. Allí estaba. Miré el reloj, eran las once menos diez, no sabía si me daría tiempo. Jack seguía plantado frente a mí, en el pasillo. Sus ojos verdes reflejaban alegría, felicidad, y una extraña sensación que nunca antes había visto en sus ojos. Sonreía mientras me miraba y mantenía sus manos tras la espalda. Conocía bien esa sonrisa, traía un regalo, estaba totalmente segura.

-No era necesario -le dije mientras entraba y me daba una bolsa de la joyería de en frente.
-Claro que si, siempre es necesario.

Fuimos a la sala de estar, nos sentamos. Parecía impaciente, me dijo que lo abriera. Saqué una caja de la bolsa y rompí su envoltorio. Cuando la abrí quedé perpleja, era una medalla, una preciosa medalla con mi nombre tallado por delante y el suyo en la parte de atrás. Sus ojos se iluminaron al ver mi cara de asombro y satisfacción. Espectacular, enternecedor. Cogió la medalla y la colocó sobre mi cuello diciendo:

-Es para que nunca me olvides, y sepas que te quiero Nora, que siempre te querré.

Nos miramos, empezamos a hablar y hablar cuando sonó el timbre de la puerta de mi piso. Le dije a Jack que no se moviera de allí, y que bajo ningún concepto saliera de donde estaba; mientras, recordaba que una lunática iba a visitarme para explicarme por qué iban a matarme. Corrí al recibidor y abrí. Allí estaba, pasó a la cocina y me agarró del brazo arrastrándome con ella.

-¿Hay alguien contigo? ¿Ha venido alguien a visitarte?
-No, nadie...
-Verás, hay espías, gente infiltrada, quieren algo, algo muy especial y para eso te necesitan a ti, te quieren a ti -dijo sin dejarme acabar.
-¿De qué estás hablando?¿Qué pueden querer de alguien como yo?
-Es difícil de explicar, pero debes venir conmigo.
-Ni hablar, estás loca, vete de mi casa ahora mismo, lo siento no puedo creerte.
-Quieren tu alma... quieren tu esencia, es eso que tienes lo que te hace diferente, quizás ahora no lo entiendas pero todos tenemos una esencia, algo que nos hace existentes, lo que nos hace únicos, y lo quieren de ti.
-Mira, no se que de qué hablas solo quiero que salgas de aquí de inmediato.

Salí de la cocina, ''invitando'' a Luna a que se marchara, y cuando me di la vuelta oí como cargaba una pistola. Esa lunática pretendía matarme si no iba con ella.

-Si no vienes por voluntad lo haré a la fuerza.

Levanté las manos y me giré lentamente, me pidió que no gritara ni intentara pedir auxilio o me mataría. Jack estaba allí dentro, y a mi iban a matarme. Todavía no le había dicho lo mucho que lo quería ni tampoco que me gustaría pasar el resto de mi vida junto a él. Entonces seguida por un impulso, como arrastrada por algo, grité. Recibí un fuerte golpe, caí al suelo y escuché un disparo. Pensé que había muerto, que ya no respiraba, que todo se había acabado y pensé en Jack. Entonces desperté y vi sus ojos allí arriba, tan lejos, tan tiernos. Pude sentir su calor, su ternura. Me incorporé y me senté a su lado. Estaba tumbada sobre su pecho, podía sentir como su corazón latía.

-¿Qué ha pasado Jack? ¿Quién era esa tal Luna? -pregunté
-Ella ha muerto, tranquila, todo va a salir bien, te lo prometo...

Sus palabras sonaron tan dulces, tan convincentes. Entonces nos miramos. Me abrazó.

-Sabes, cuando estaba a punto de morir me arrepentí de no haberte dicho antes que te quiero que quiero pasar el resto de mi vida junto a ti y que te necesito- dije acompañando un suspiro
-Nora, yo también siento eso por ti, pero me temo que solo podremos estar juntos hasta que me vaya -dijo Jack muy apenado. Me besó- Lo entenderás. Te querré siempre Nora.

Se levantó de la cama y se marchó sin más, solo podía llorar, cuando escuché una ambulancia. Creí que solo pasaba, pero estaba en la calle justo al lado de la puerta del portal. Tiraron la puerta de mi casa abajo y cuando salí a ver que pasaba unos policías me agarraron y me llevaron fuera. Jack había muerto. Salí a la calle, dejando que el viento secara mis lagrimas mientras caían. Aquel disparo destruyó mi esencia y sin más me marché para siempre de allí sufriendo el dolor de mi propio engaño.

*****

Es un tanto extensa, lo sé, pero bueno con un poco de paciencia, espero que os haya gustado y que veais que muchas veces, nuestra esencia, nuestra propia alma, no reside en nosotros mismos sino en otra persona. Gracias.

jueves, 21 de abril de 2011

A fairy tale without end.

Más allá de Los Sueños, pasando la ciudad de la Ilusión, antes de llegar al Camino de los Sentimientos, existe una pequeña aldea desconocida donde habita un hada. Vive allí sola y casi siempre está triste porque a pocos kilómetros yace el lago Muerte. Por suerte para despejar ese terrible sentimiento sube a la montaña Tranquilidad donde la soledad es un factor que la ayuda a relajarse, a no pensar que vive en un mundo en el cual la gente solo acude de visita. Desde ahí arriba ve pasar los autobuses llenos de turistas que van camino de la tienda de Los Deseos para regresar de nuevo a casa. Y ella no quiere irse de su aldea deshabitada... porque tiene miedo. En aquella aldea antes vivían más hadas como ella... pero todos marcharon... cada uno al lugar donde debía estar. Pero aquella hada pequeña y frágil nunca supo cual era su lugar por eso quedó sola, aterrada.

Un día como otro cualquiera apareció en la aldea un chico. Parecía perdido, pero a pesar de ello sonreía. El hada como siempre que llegaba alguien corrió a esconderse y aquel chico pareció verla. Hola, ¿hay alguien ahí? Decía. No voy a hacer daño a nadie. El hada, todavía asustada salió para ver de donde precedian aquellas palabras tan dulces, pronunciadas con tal delicadeza. Hola. Dijo de nuevo, a continuación le preguntó su nombre. El hada quedó paralizada, comenzó a temblar no sabía que decir... porque se ahogaba al intentar hablar. Llevaba demasiado tiempo sola... ya no recordaba su nombre. Aquel chico se extrañó ante su reacción por tal pregunta y dijo Yo me llamo Steve. Sonrió. Ella le contó a aquel muchacho de cabello oscuro y simpatica sonrisa que no recordaba su nombre. Él la miro y solo sonrió.

Steve se había perdido en una excursión al pais de Los Sueños. Pero pensó que había merecido la pena quedarse. Hubo andado bastante hasta dar con aquella aldea y esa simpática hada que parecía vivir allí. Se fijo en sus ojos color miel. Eran realmente sorprendentes. Parecia una mirada tan perdida, tan triste, tan soñadora. Sus cabellos castaños se lucían bajo los lúgubres y apenas perceptibles rayos del sol. Su vestido que parecía estar hecho con restos de muchos otros hacía resaltar su bella figura. Steve quiso entablar una conversación con ella, averiguar cosas sobre aquella joven desconocida que tanto le llamaba la atención. Pero no parecía lograr darle ningún sentido a las palabras... quizás porque ella no quería o tal vez porque él no sabia. Entonces es verdad eso de que no recuerdas tu nombre. Dijo Steve. Si, eso parece. Respondió ella mientras se dirigian camino al bosque. Yo tampoco recuerdo nada antes de mis diez años de edad. Steve parecia apenado cuando dijo estas palabras. ¿Llevas mucho viviendo sola? La joven se sentó en un tronco de árbol, meditaba. Te seré sincera sobre eso... ya que tu pronto encontrarás el camino cuando te deje marchar y entonces no recorarás nada. Steve no dijo nada al respecto, simplemente se sentó a escuchar con atención lo que esa joven quería relatarle.

Recuerdo que de pequeña mi madre me leia cuentos sobre hadas, ninfas... cuentos sobre duendes, princesas y reyes, castillos encantados, reinos medievales. Soñaba con un mundo como este... soñaba con un sitio donde tus sueños pudieran hacerse realidad. Y cada noche iba a dormir antes para poder quedarme más tiempo aquí. Cada día quería un minuto más, solo un minuto para poder encontrar esa tranquilidad... esa paz que todos necesitamos aun sin ser conscientes de ello. Nunca dejé de creer en las hadas. Soñaba que yo un día podría dormir eternamente y poder ser libre. Libre en un mundo creado por mi... era una locura. Mi madre cada día estaba más preocupada. Un día empezé a dormir demasiado. Dormía días enteros... los médicos decían que era una enfermedad, sin embargo yo creo que era fantástico, vivía en dos lugares totalmente opuestos... Y un día no quise despertar. Hubo un día en que decidí que esta era mi casa, que debía pertenecer a este sitio... este es mi lugar... esto sí es real. La gente solo pasa por aqui de visita... por eso nunca seré feliz. Nadie quiere vivir conmigo. Hay dias que sueño con mi antigua casa... la que no es de verdad. Mi madre llora, pero sabe que estoy bien.

Steve seguía sonriendo. Yo también quiero vivir aquí... con tigo. La cara de la joven se iluminó por completo... al fin salió el sol. Pero querría despedirme de la otra vida... incluso averiguar tu nombre. Dijo Steve. Pero no te dejes engañar, ellos te dirán que es una locura, no les hagas caso, aquí seremos siempre felices. Ve, yo te esperaré aquí. Esperaré todo el tiempo hasta que vuelvas. Haremos un pacto... si no vuelves antes de que amanezca por segunda vez... iré a buscarte. Steve dudó por un segundo, después reaccionó. Trato hecho. Steve marchó atravesando de nuevo el bosque camino a casa, ella mientras permanecía alli sentada viendo el primero de los tres amaneceres que debía esperar.

CONTINUARÁ...

lunes, 11 de abril de 2011

¿Dudas ante lo que es real?

Se despertó. Ya no podía dormir. Soñó que se hallaba en su habitación sentada en el sillón frente al balcón... esperando que la noche cayera sobre la ciudad, aguardando la llegada del momento esperado. Observando la puesta de sol, sintiendo los últimos rayos que nacían del cielo y perecían ante sus ojos. No quería admitirlo pero deseaba hablar del tema. Deseaba contárselo, quería rendirse a sus sentimientos, a lo que su corazón le decía, a lo que realmente necesitaba escuchar. Soñaba con el momento de verlo y tan solo... abrazarlo. Entonces vio que era la hora, la hora de marcharse. Sonrió y se levantó de la cama, se vistió y dio con el camino a la verdad. Quiso hablar con él toda la noche, pero no se atrevió. Solo ese momento, era el indicado, era ahora o nunca... y se lo dijo. No era lo que esperó, era lo que quería? realmente deseaba esa respuesta o un corazón destrozado? No quería alejarse de él, no quería que sus sentimientos se fundieran en aquella esperanza, no quería un te quiero sin compromiso... pero era un te quiero con sentimiento, eso bastaba... Demasiado cerca, demasiado lejos. Sus ojos mirándose fijamente, hablando de lo que ambos querían... soñando tanto tiempo con aquel momento pero ahora estaba allí y quería huir. Las lagrimas escapaban de sus pestañas resbalando, queriendo perecer en las comisuras de sus labios. Un par de palabras. No llores. Te quiero. Que debería pensar, cuál sería la respuesta... si realmente existía una pregunta... Un abrazo. Un beso. Un lo siento. Una sonrisa. Una lágrima. Sus ojos soñadores brillando bajo la música del lugar... volando abrazados entre sentimientos, aferrándose a lo único que podría quedar, cerrando el camino. Solo quedaba un último rayo de sol que se marchó fugaz. Que huyó ante la confusión que dejó paso a la oscuridad de la noche... ese último rayo que quiso quedarse pero no era su destino... Dudó.. Realmente era tanto lo que ella había cambiado? Sí. Realmente quería esperar? Sí. Quizás lo que no quería... ya no estaba. Era tan solo ese vacío incomprensible... Te quiero.

martes, 29 de marzo de 2011

//...El recuerdo permanecerá vivo en mi interior...\\

Se acercó hacia la puerta, agarró el pomo y lo giró a la derecha. El corazón dejó latir durante dos segundos cuando la abrió. Entró en aquella habitación oscura. La puerta seguía abierta, y la habitación seguía sumergida en la penumbra pero ella no se dio la vuelta, caminó. Se sentó a esperas de que algo sucediera. Su cabeza giraba en torno a pensamientos. Que podría suceder, que le aguardaría después de aquello. Esperó, pero nada sucedía... nada haría que la luz se encendiera, que la puerta se cerrara, que hubiera otra salida si ella no hacia nada para que ocurriera. Levantó entonces del suelo y buscó a tientas un interruptor, pero no había ninguno. A pesar de la oscuridad y la soledad de aquel cuarto cerró la puerta. Una luz comenzó a hacerse más fuerte justo en frente de ella. Era el sol, se había hecho de día, hubo aguardado y ella acogió la llegada del amanecer despierta. En ese instante comenzó a verse la claridad, había una cama, un armario, un sillón y un enorme balcón, con las puertas cerradas. La luz era permanente y entonces creyó que no existía salida puesto que se había encerrado ella misma. Se sentó a ver pasar el tiempo por la ventana. Definitivamente su vida había permanecido demasiado tiempo en equilibrio. Había objetos, muebles en aquella habitación, permanecía la clara luz del día, pero el vacío seguía con ella. No había movimiento, no existía el sonido, tan solo el transcurso de las horas. Sus sentimientos e ideas eran cada vez más fuertes en su corazón y en ese preciso instante de debilidad, cuando alzó la mirada para contemplar un tablón colgado frente a ella en la pared, fue justo en ese momento cuando sucedió. Entonces se dio cuenta, fue ese día, ocurrió en aquel instante... una lágrima resbaló de sus pestañas dejando un rastro por sus pómulos, queriendo ser valiente al posarse sobre sus labios, pidiendo la muerte al caer sobre el terciopelo del sofá... supo lo que le ocurría, supo cual era el problema. Lo que la gente pensara o creyera, insinuara o dijera no era un problema, nunca lo fue ni lo sería. Era tan solo ella, ella tenía el problema y también sabía como hallar la solución. Todos los pensamientos estaban ordenados, todas las palabras habían tomado forma en un discurso y sus sentimientos hacían cola en un almacén. Su corazón pidió un respiró y su cabeza intentaba evitar mirar la foto en ese tablón. Un susurro se escuchó, y halló una rendija en las puertas del balcón. Las abrió de inmediato. Salió para observar el viento y movimiento sobre la ciudad. Un papel cayó cual pétalo de rosa sobre el suelo, junto a ella, con gran delicadeza. Nora lo recogió y en él había una foto, dos personas, abrazadas, felices, que se miraban, que reían... El cielo comenzó a oscurecerse, la noche se acercaba y amenazaba tormenta. Una última lágrima cubrió aquel papel y entonces sus labios murmuraron un lo siento seguido de un sentido te quiero. Volvió a entrar en la habitación, el papel se quemó y ardía como sus deseos de salir de allí. Pero no se fue. No quiso abandonar lo único que había sido suyo alguna vez. Permaneció de nuevo en el vacío, en la oscura soledad de la tristeza, en la frustración de un sentimiento, entre el cobijo de un te quiero y el susurro de un lo siento.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Un minuto más para soñar.

Sentada en el banco de una calle desierta, con las manos cruzadas sobre las piernas y mirando el brillo de la oscura noche. La niebla tejía telarañas en cualquier punto al que miraba, telarañas que tejían una abrumadora tristeza, que la atrapaban una y otra vez en un mismo silencio. En un silencio vacío de ilusión y lleno de lágrimas. Lágrimas que caían lentamente, y tan solo una por cada razón por la cual no debieron caer. No creía en nada que no hubiera visto y tenía miedo de lo que aún le faltaba por ver. Se hallaba buscando un cuando un como y un por qué para que le llevaran al final de ese trayecto sin lugar. 

[...No siento lo mismo...Ni siquiera lo había pensado...] 

No tenía la necesidad de hacerlo, no quería parar a ver la realidad, no quería escucharlo hablar una vez más. Tenía miedo y no quería confundirse de nuevo, prefería seguir imaginándose que eso no iba con ella. Así estaría todo bien o al menos hasta que finalizara ese episodio de incertidumbre. Y pasaron los días y despertó algo en ella, algo estúpido que hizo hablar... y lo intentó, aunque solo consiguiera susurrarlo, lo había hecho. Pero para entonces él no estaba, no la hubo escuchado así que, dio la vuelta a la hoja y se marchó para escribir este texto. Ya era demasiado tarde, pensé. Quizás no me habría atrevido, pero... Y por qué no?

lunes, 21 de febrero de 2011

Esperanza y decepción.

La esperanza... 
después de aquel día no supe más de ella, 
un día dejó de existir. 

Aún recuerdo que mi única fortaleza, 
fue siempre la esperanza, 
que solo ella regresaría a mi. 

Pero después un día se acabó. 
No había nada que me hiciera recobrar ese sentimiento,
se había esfumado, quizás lo hube sustituido, 
tal vez no tuviera razones para pensar que debía seguir ahí. 

Estaba muerta. 

También para los recuerdos...
 era demasiado tarde. 
Ahora ya no los quiero. 
No se si los quise. 
Los abandoné. 

Ya no guardo en mi mente el perfume de su piel 
ni en mis ojos el color de sus ojos. 
Ya no me acuerdo de su voz, 
salvo a veces de la dulzura con la fatiga de la noche. 
Ya no oigo la risa, 
ni la risa ni los gritos. 

Por eso escribo ahora tan fácilmente sobre ellos, 
tan largo, tan tendido, 
se han convertido en escritura corriente. 

Porque ahora solo veo la decepción, 
que se agrupa de manera incontrolable, 
dentro de mi. 

La ingenuidad en sus palabras fue lo único que creí. 
Y la decepción llega a mi como en la noche oscura. 
Un susurro vuelve a acercarse. 
Una angustia apenas experimentada se presenta de repente, 
una fatiga, la luz en el río, que se refleja pero apenas. 
Una sordera muy ligera también, una niebla... por todas partes.


lunes, 7 de febrero de 2011

Un lugar para imaginar.

Que agradable sensación... que el viento acaricie tus mejillas una mañana de invierno, mientras hueles ya la primavera llegando; acercándose al brillo del sol. Tu pelo ondeando suavemente mientras compartes unas risas. El aleteo de un ave sobrevolando el claro cielo. El sol reluciendo, creando sombras en el suelo y en nuestras caras sonrientes. Maia reía alegremente y las comisuras de sus labios subían creando una sonrisa tan natural que la alegría parecía ser como el oxígeno que respirábamos, nos invadía.
El viento pasaba las hojas de un cuaderno lleno de recuerdos. Y mientras aparecía un momento histórico en él escrito, nosotras nos proponíamos seguir la rutina y abandonar algún que otro momento. Entonces Annia cerró el cuaderno y lo guardó en una mochila, mi mochila. Fue apenas perceptible y no nos dimos cuenta de que con ese cuaderno guardamos una historia que jamás sería revelada. Un cuento que nunca más tomaría parte en nuestras vidas. No, no lo hicimos, no pudimos observarlo... El cuaderno olvidado se cerró y con él, recuerdos que no morirían hasta no ser olvidados. Pero nosotras continuamos riendo sin notarlo. Annie, Maia, Nara... nombres que fueron guardados con deseos, logros y actos encadenados. Con un lugar donde esconderse, sin un lugar donde dirigirse...

jueves, 3 de febrero de 2011

¿Será solo un juego?


Recuerdo que no hace tanto, vivir, no era más que un juego. Un juego en el que nos peleábamos por ver quien terminaba antes la tarea en clase. Un juego en el que corregir al maestro de matemáticas significaba ser el mejor. Que un compañero te pasara la pelota en el recreo y marcaras un gol suponía ser popular. Un juego en el que pasarse una nota en clase significaba arriesgar el cariño de la profe hacia ti por ser descuidado y estar distraido; en el que deseabas que tocase el timbre del recreo o de la salida, para quedar por la tarde con tus amigos e ir a un parque a jugar. Un juego en el que un cumpleaños era un estallido de alegría y felicidad por parte de todos. Y que leer no era más que un pasatiempos para competir y ver quien era el que más leía de toda la clase. Un juego en el que ponerte tacones que te doblaban el número de pie y probarte el vestido de gala favorito de tu madre, no era sino una reprimenda y aunque lo volvieras a hacer, tu madre sabía que era porque con ellos te divertías y jugabas a pasearte por toda la casa como una modelo de la tele con tus amigas. Sin embargo, poco a poco, crecemos, unos antes y otros después. Y empezamos a dejar de lado la importancia de las cosas significativas. Y dejamos de jugar a ser mayores y empezamos a ''creer que lo somos''. Creemos saber tanto como un adulto, pensamos llevar siempre la razón, damos motivos para que la confianza en nosotros para los demás no crezca. Y entonces es cuando corregir al maestro de matemáticas supone ser el cerebrito de la clase; leer implica ser una empoyona. Empezamos a sentirnos inferiores o a crecer nuestro ego e ignorancia sin motivo y hacemos estupideces que jamás habrías hecho de pequeño, y que no creo que hicieras como adulto. Las mayores tonterías escritas se llevan a cabo cuando uno se cree maduro e importante, aunque en realidad no lo sea. Y es que en realidad solo creces cuando te das cuenta de tus errores, cuando aprendes con cada paso que das, cuando te levantas por cada caída, cuando aprendes a valorar lo que verdaderamente importa, cuando enseñas el camino a quien se ha perdido, cuando te dejas ayudar porque no encuentras la salida... Solo entonces creces un poquito más. Porque creemos que todo es complicado y que nadie entiende porque reaccionas de una manera u otra, y es que, primero debemos aprender a rectificar de nuestros errores, comprender nuestros sentimientos y pensamientos, y puede que entonces sea más fácil que los demás lo hagan, que los demás nos entiendan. No hay que darle importancia a lo que no la tiene pero tampoco dejar de darsela a l que significa algo para nosotros. No hay más, simplemente hemos olvidado como jugar, hemos tirado los juguetes a la basura, y cuando echemos en falta esa inocencia y esa felicidad o despreocupación entonces todo estará perdido. No habrá más remedio que seguir adelante sin los juguetes que un día abandonamos por querer creer que ya no los necesitábamos. Y es que en realidad todo se basa en ello, en un juego, un juego llamado Vida.

domingo, 23 de enero de 2011

Un pasaje hacia el destino.

Ayer conocí a alguien. De lejos. Me gustaría conocerlo lenta, profunda y discretamente. Para siempre, o quizás no. Parecía bastante tímido y yo también lo soy, quizás por eso no me convenga. Probablemente nunca me atreveré a decirle lo que siento. Pienso que así, está todo bien. Fue un breve deseo de poco más de unos segundos. Allí estaba, sentado en la terraza del bar, expulsando el humo de un cigarrillo matinal. Yo me hallaba sentada, allí, mirando pasar el tiempo, como siempre. Todas las mañanas me siento ahí, detrás del edificio más alto de la ciudad, situado cara al mar. Respiraba tranquilidad antes de ir a desayunar. Y ayer no lo hice. No podría acercarme. Parecía relajado, su belleza era natural y asombrosamente sorprendente. Sus ojos claros leían despacio el menú del día. Cierto, tiene una sonrisa preciosa; es lo que pensé cuando vi subir lentamente las comisuras de sus labios hasta poder visualizar una alegría natural. Pude ver que le era muy placentero sentir la brisa marina mientras se hallaba ahí sentado. Me pregunté como no había podido verlo antes, el camarero conocía su nombre y no lo llevaba escrito en la frente. Realmente los momentos menos apreciables, son los que después consiguen llenarte. Quizás algún día el destino nos uniera. Así estaba bien, tan solo observarlo de lejos estaba bien. Aunque hubiera preferido que no ocurriera, sucedió. Después de expulsar la última calada de aquel cigarrillo consumido, me miró. Pensé que todavía me daría tiempo a esquivar su mirada, pero no. Ya me había observado y allí seguía su sonrisa fácil. Esos ojos claros fijándose en mi. Era apenas perceptible, pero me perdí en su mirada, tan despierta, tan abierta. Después de reaccionar ante lo sucedido, entró en el establecimiento y me dirigí hacia allí, solo para continuar con mi rutina. Me senté en la terraza y antes de decirle a Carlos, el camarero, que me sirviera lo de siempre, lo trajo diciendo: ''El caballero amable sentado en aquella mesa me pidió que se lo sirviese'' ¿Acaso me conocía? Después de terminar mi desayuno, él ya no estaba. Decepcionada sin motivo, me dispuse a pagar. Y llegando a la barra Carlos me dijo un poco desconcertado: ''Verás, el chico moreno y alto sentado detrás de ti, ya lo ha pagado''. Me di la vuelta y allí estaba. Me dirigí a darle las gracias pero antes de pronunciar palabra, se levantó y dejando otro cigarrillo en el cenicero concluyó: ''No quiero las gracias, tan solo, conocerte''. Pues resulto que no era tan tímido. Me empezaron a temblar las piernas y haciendo un gesto muy amable, me invitó a sentarme. Parecía tan dulce como misterioso. Mi corazón latía fuertemente. No dialogamos, tan solo nos miramos. Me marche, sin una despedida. No supe su nombre, ¿de donde había salido?, pensé. Fue desconcertante.

Esta mañana lo he vuelto a ver, me ha vuelto a dirigir una sonrisa, otra vez me he perdido en su mirada, pero esta vez no he vuelto a desayunar, esta vez no he seguido la rutina. Esta mañana no lo he hecho. Esta mañana he evitado volver a sentir aquello. Aunque no sepa muy bien por qué lo he hecho, creo que ha sido una decisión correcta. Y por mucho que pueda arrepentirme, mi propósito ha sido conseguir evitar al menos una vez el destino. Quizás no fuera el destino, no lo sé, ni lo sabré. Solo que jamás olvidaré su mirada de ojos verdes clavándose en mis pupilas, mientras me perdía buscándolo, ni su sonrisa dirigiéndose a mi tan directa e irremediablemente. Oscilando entre lo bueno y lo peor que podría pasar, me decanté por ello, y aunque hubiera llegado a conocerlo de verdad, prefiero seguir ocultando ese recuerdo y sentimiento.

Nara.