Le estoy escribiendo un mensaje. Sigo hablando con él... y estoy aterrada. El miedo corretea bajo mis pies así que no tengo más remedio que cruzarme de piernas y esperar. Esperar a que la culpa se marche y deje de llamar a mi puerta.
No se si será lo correcto que vuelva a verlo, la verdad es que me gusta hablar con él, me siento mejor, siento casi que respiro. Pero me siento mal por ella... ¡Al cuerno si se enfada! Es mi vida y ella no va a decirme lo que está bien o mal, no tiene derecho a hacerlo. La quiero, pero tiene que entender que él es mi amigo y que no lo voy a dejar de ver.
Siento que mi corazón se detiene, que burbujas de aire corren por mis venas intentando hallar sitio en el corazón. No puedo respirar, ahora hay demasiada presión. Es agua. No puedo abrir los ojos, creo que mis pulmones se cierran, intento mantener la calma pero es imposible... y entonces, encuentro su mano en la oscuridad, tira con fuerza y salgo a la superficie con él...
''No es el cielo lo que quieres tocar'' Irremediablemente tiene razón.
Los sentimientos van creciendo poco a poco como partículas de polvo que se acumulan encima de esa caja de música que lleva años cerrada, y la llave, la llave que la abre... que algún día perdí en su corazón, quiero recuperarla. Inseguridad, cuando se pone frente a mi y me pierdo en sus ojos. Nunca antes había percibido así su mirada, era distinta... su forma de hablarme, su manera de tratarme... Quizá solo lo sienta yo.
Miedo, la alarma suena cada vez que me mira... pero él lo hace desaparecer. Aunque caiga se que él estará ahí conmigo. Tal vez las paredes se cierren y el techo empieze a correr, quizás mientras las pesadillas perturban mi mente en la noche, las sábanas me aten y cuando grite al despertar, nada tenga sentido, ni las magulladuras de mi cuerpo ni el sentimiento en mi alma cuando cae la noche.
La luna ya no protege a los amantes...
A no ser que no exista.
"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela: su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio." Carlos Ruiz Zafón

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