La esperanza...
después de aquel día no supe más de ella,
un día dejó de existir.
Aún recuerdo que mi única fortaleza,
fue siempre la esperanza,
que solo ella regresaría a mi.
Pero después un día se acabó.
No había nada que me hiciera recobrar ese sentimiento,
se había esfumado, quizás lo hube sustituido,
tal vez no tuviera razones para pensar que debía seguir ahí.
Estaba muerta.
También para los recuerdos...
era demasiado tarde.
Ahora ya no los quiero.
No se si los quise.
Los abandoné.
Ya no guardo en mi mente el perfume de su piel
ni en mis ojos el color de sus ojos.
Ya no me acuerdo de su voz,
salvo a veces de la dulzura con la fatiga de la noche.
Ya no oigo la risa,
ni la risa ni los gritos.
Por eso escribo ahora tan fácilmente sobre ellos,
tan largo, tan tendido,
se han convertido en escritura corriente.
Porque ahora solo veo la decepción,
que se agrupa de manera incontrolable,
dentro de mi.
La ingenuidad en sus palabras fue lo único que creí.
Y la decepción llega a mi como en la noche oscura.
Un susurro vuelve a acercarse.
Una angustia apenas experimentada se presenta de repente,
una fatiga, la luz en el río, que se refleja pero apenas.
Una sordera muy ligera también, una niebla... por todas partes.
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