Sentada en el banco de una calle desierta, con las manos cruzadas sobre las piernas y mirando el brillo de la oscura noche. La niebla tejía telarañas en cualquier punto al que miraba, telarañas que tejían una abrumadora tristeza, que la atrapaban una y otra vez en un mismo silencio. En un silencio vacío de ilusión y lleno de lágrimas. Lágrimas que caían lentamente, y tan solo una por cada razón por la cual no debieron caer. No creía en nada que no hubiera visto y tenía miedo de lo que aún le faltaba por ver. Se hallaba buscando un cuando un como y un por qué para que le llevaran al final de ese trayecto sin lugar.
[...No siento lo mismo...Ni siquiera lo había pensado...]
No tenía la necesidad de hacerlo, no quería parar a ver la realidad, no quería escucharlo hablar una vez más. Tenía miedo y no quería confundirse de nuevo, prefería seguir imaginándose que eso no iba con ella. Así estaría todo bien o al menos hasta que finalizara ese episodio de incertidumbre. Y pasaron los días y despertó algo en ella, algo estúpido que hizo hablar... y lo intentó, aunque solo consiguiera susurrarlo, lo había hecho. Pero para entonces él no estaba, no la hubo escuchado así que, dio la vuelta a la hoja y se marchó para escribir este texto. Ya era demasiado tarde, pensé. Quizás no me habría atrevido, pero... Y por qué no?
No hay comentarios:
Publicar un comentario