Empieza un nuevo día y se que va a ser exactamente igual que el anterior, voy a levantarme, otra vez a estudiar, volver a casa, comer, sentarme... Otra vez la misma serie en televisión... No hay nada interesante que hacer frente al ordenador, de nuevo a hacer la tarea, me acuesto y al día siguiente volverá a ser lo mismo... Ya no hay nada interesante por hacer, la monotonía es algo que sabemos que nos invade aunque no queramos darnos cuenta. Pero no solo es el día a día el que cae en esa irrefutable monotonía también existen otras cosas, por ejemplo las relaciones, las amistades, las conversaciones, los intereses... todo, absolutamente todo acabará en el vacío absoluto a no ser que nosotros mismos hagamos algo para remediarlo. Es inevitable a no ser que queramos, pero, en realidad, ¿merece la pena evitarlo cuando no encuentras motivos? No es fácil...
El día en que deje de respirar, el día que no pueda tocar tus manos, el día en que no puedas oirme decirte te quiero susurrando al oído. El día en que no puedas llamarme, cuando ya solo puedas verme a través de una foto, cuando el sol aparezca y yo ya no esté para verlo, cuando las estrellas brillen y no estemos juntas. Será entonces, cuando no podamos vernos llorar ni podamos reír juntas cuando sabremos si realmente nos queríamos. Pero hasta ese día todo seguirá igual e irremediablemente no podremos hacer nada para cambiarlo. Porque el día en que una de las dos no esté para contarlo entonces ese día seremos cómplices de un engaño, de una mentira de algo que no pudimos evitar, y que sin embargo sucedió. No podemos hacer nada al respecto, es duro pero ya se sabía, por mucho que intentemos nunca será lo mismo, ya no existirá el aire, ni se podrá respirar ese mismo aroma de entonces. Te quiero y se me hace difícil decirlo, pero ya no puedo perdonarte, se que quizás si me esforzara lo conseguiría, pero ya no quiero intentarlo. Diré adiós a todo lo nuestro, a lo compartido, aquello que siempre guardé y seguirá ahí... ya no puedo echarlo de menos, ya no lo quiero... Te quiero a ti, es cierto, pero no puedo soportarlo. El engaño es el peor final, pero dejaré que el viento se lleve mis lágrimas y que ese odio siga en mi, perdóname, yo no podré hacerlo.
A no ser que no exista.
"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela: su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio." Carlos Ruiz Zafón
domingo, 15 de mayo de 2011
miércoles, 11 de mayo de 2011
Lo necesito.
Ayer, reflexionando mientras intentaba dormir, sumida en mis pensamientos, evaluando mis sentimientos... no pude evitar pensarlo. Necesito un respiro, un tiempo... Solo un minuto. Un minuto basta. Tan solo un minuto más para poder disfrutar de esas pequeñas cosas que te hacen olvidarlo todo. Un sueño, ese magnifico sueño del que esperas tener un bonito fin pero antes, despiertas. Un beso. Ese beso que te hace sentir viva, que te hace suspirar, que mantendrás en mente y que hubieras deseado que fuera siempre el principio y no tuviera final. Un recuerdo, ese recuerdo permanente que vive en ti como el primer día y que nunca olvidarás. Un abrazo, que te hace sentir querida, que te hace volar durante ese pequeño espacio en el tiempo pero que quiere continuar... o una mirada. Esa mirada que desvela todo lo que siente, lo que piensa, esos ojos que brillan o esa sonrisa valiente que no tiene miedo de salir. Quiero, necesito un minuto más para poder hacer todas esas pequeñas cosas tan importantes y que, al pensar, te hacen vivir tu vida y de las que cada día necesitas como respirar.
miércoles, 4 de mayo de 2011
La esencia de Nora.
Aún no ha quedado terminada la otra historia, pero me parecía muchísimo más importante subir esta narración, especialmente por una amiga que me ha dicho que es preciosa y que tiene un valor muy importante que espero la gente entienda. Gracias Peque. =)
*****
La contemplé durante varios minutos, seguía sentada en aquel banco, pensé que esperaba a alguien o que quizás se había perdido. Ni siquiera se había movido. Su mirada fría, reflejaba miedo, sus ojos se clavaban fijamente en aquel quiosco, depositado diagonalmente frente al banco en el que yacía; llevaba cerrado años. Quizá ella no lo sabía. Nunca antes la había visto en la ciudad, tenía un aire extrañamente furioso y triste.
El viento hacía que su largo cabello rubio se moviera al compás de las hojas de los árboles que tenía tras ella. Parecía una chica de lo más normal, vestía unos vaqueros negros con unas botas marrones oscuras; por encima del abrigo color crema asomaba el cuello de un jersey blanco. Tenía frío, lo supe porque sus piernas temblaban, se estremeció y cogió los cuellos de su abrigo, los subió lentamente mientras cruzaba las piernas.
Una melodía sonó, actuó con audacia y rápidamente abrió su bolso que colgaba del brazo derecho de la extraña. Parecía que sus ojos seguían una y otra vez la pantalla del móvil como si estuviera leyendo un mensaje. Las lágrimas que salían de sus ojos bajaban lentamente por su dulce, delicado y ahora apagado rostro. Fui hacia ella, se asustó. Le pregunté que qué hacía allí en un día como ese, esperando delante de un quiosco cerrado, en el parque más apartado de la ciudad y tan solitariamente pensativa. Sin conocerme de nada y sin dudarlo ni siquiera un segundo me mostró el teléfono móvil, quedé perpleja al ver semejante mensaje.
“Sé que ella está muerta y tú sabes que soy la persona, la única, que puede ayudarte. Desconfiaste y no me queda más remedio que hacerlo. Huye antes de que sea tarde o ella puede morir. ¡Devuélvemela!”
Estaba completamente aterrada, no supe que decir, ese mensaje me dejó... Sin palabra alguna. No conocía de nada a aquella extraña de ojos claros y llorosos. Pude haber huido o echado a correr, pude haber pensado que esa chica de rizos dorados y de rostro cálido estaba loca... Pero no lo hice.
- ¿Por qué me enseñas este mensaje? -. Le pregunté después de intentar asimilarlo.
- Tú eres la que está en peligro, por favor no huyas -. Me dijo derramando más lágrimas y cada vez con la voz más apagada.
- Está bien, pero, ¿quién te ha mandado ese mensaje, cómo sabes que soy yo, qué tengo que ver en este asunto para deber morir? -.
Cada vez me sentía más alterada, una extraña me acababa de decir que iba a morir y sin embargo no me había movido de allí. Sentía como la sangre corría por mis venas y los latidos de mi corazón eran cada vez más y más fuertes.
- Verás ahora no puedo explicártelo todo, solo tranquilizate y ven conmigo, no hagas más preguntas, por favor -. Sentenció
Se secó las lágrimas, guardó el teléfono móvil que aún sostenía en sus manos temblorosas y dijo con tono serio:
- Llevan siguiéndote meses, anduve detrás de ellos una temporada para que no pudieran hacerte nada, por lo menos antes de que pudiera advertirte del peligro. Sabía que siempre pasabas por aquí al volver a casa. Pero nunca he podido reunir el valor suficiente para acercarme y decírtelo, me tomarías por loca, está claro.
Intentando entender todas las palabras que salían de su boca clara y lentamente, asentí. Me levante esperando algo, pero no sucedió nada. Solo su mirada, clara, que yacía allí aguardando a que soltara una frase de consentimiento. Y entonces solo pude aclarar:
- Está bien pero creo que hoy no puedo ir contigo -.
- De acuerdo, aquí tienes -.
Sacó de su bolso una tarjeta violeta con letras en negro dónde ponía su nombre, su dirección, número telefónico y e-mail. Con rostro ahora sereno, se marchó vigilando que nadie nos hubiera visto. Yo estaba tan aturdida que ni siquiera al llegar al portal de mi casa logré observar que una sombra masculina aguardaba mi llegada oculto en el rellano agachado bajo la escalera. Abrí la puerta del ascensor, pulsé el número cuatro. Cuando llegó a su destino abrí de nuevo la puerta, esta vez más cautelosamente y con un poco de miedo, pero enseguida me di cuenta de que nada ocurriría. Al meter la llave en la puerta de mi casa un lento y pequeño escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Justo al cerrar y depositar el abrigo sobre la mesa de la entrada, sonó una canción. Corrí hacía la cocina y descolgué el teléfono móvil, situado encima de la mesa. No conocía el número pero igualmente opté por cogerlo.
- Eres Nora ¿Verdad? -.
- Si, ¿de parte de quién? -.
- Ten mucho cuidado con tus actos, conoce a tu enemigo y no te dejes engañar.
El pitido del teléfono móvil que señalaba la finalidad de la llamada me dejó totalmente helada y absorta ante las palabras pronunciadas por aquella voz tan grave y masculina.
Mi cabeza daba vueltas y más vueltas, iba asimilando cada vez más cosas, pensé que podría llegar a ser imposible almacenar tantos datos, de credibilidad nula para alguien tan normal como yo, en mi cabeza. Sin embargo poco a poco intenté hacerlo.
Estaba cansada, después de un rato de sentarme en la mesa de la cocina y pasar tantas cosas por mi cabeza sin sentido, dejé el móvil en la misma posición que lo encontré cuando llegué a casa, cogí la tarjeta violeta que estaba un poco arrugada de haberla aguardado en mi bolsillo y la puse al lado del teléfono. Me dirigí a mi habitación, sin dudar un segundo, dirigiéndome directamente a ella bajé cautelosamente la persiana; y quedé tan absorbida en mis pensamientos que de nuevo sin darme cuenta, pase por alto la misma figura masculina que aguardó mi llegada a casa después de hablar con la extraña. Me tumbé en la cama. Al cabo de unos veinte minutos perdí la noción del tiempo dándole vueltas a todo lo sucedido. Y al mirar el reloj depositado encima de la impresora del ordenador, pegué un salto de la cama. Había estado casi dos horas perturbando mi mente y mis pensamientos de cosas tan extrañas, que no me había dado cuenta ni de la hora ni de que ya era de noche. Volví a tumbarme, esta vez lo hice más cansada y casi derrotada.
El sueño vino tan deprisa como se fue, o eso pensé yo. Porque el reloj marcaba las diez en punto de la mañana, y seguía muy cansada. Casi ni me acordaba de todo lo ocurrido ayer hasta que fui a la cocina a por algo para desayunar, cuando vi la tarjeta violeta, tal como la hube dejado la noche anterior. Corrí hacia mi sala de trabajo y encendí el ordenador. Se encendió más rápido de lo habitual, pero no le di importancia; solo abrí el correo por mensajería instantánea y agregué el contacto que había escrito en la tarjeta. Me aceptó rápidamente. Pero no estaba conectada. Así que decidí mandarle un correo.
De: Nora
Para: Luna
Asunto: No puedo esperar más.
Verás he estado meditando sobre todo lo que pasó ayer y estoy algo desconcertada. Puedo creer todo lo que me dices, sí, pero necesito que me expliques que es lo que está pasando, te haría mil preguntas que pasan por mi cabeza en este mismo instante pero no lo haré. Ayer al llegar a casa me pasó algo realmente extraño. Si puedes, hoy mismo iré a tu casa, dime la hora, estoy realmente desconcertada te agradecería una explicación para todo esto muchas gracias. Contesta.
Lo envié y cinco minutos después subí la mirada y encontré esa foto que hacía tanto tiempo que no contemplaba tan detenidamente. Era fantástica, estaba tomada desde el ángulo perfecto, desde donde se veía esa sonrisa tan fantástica que era la de Jack, junto a él una joven de cabellos oscuros con una sonrisa fiel y real se dejaba abrazar. Vi algo en ella que hacía tiempo que no podía sentir, ilusión, y sobre todo felicidad. Olvidé todo lo que estaba pensando, pero recibí un correo.
De: Luna
Para: Nora
Asunto: A las doce y media.
Verás no puedo explicarte nada por correo. Prefiero ir a tu casa, ahí es donde nacen todos los problemas, por favor no te asustes, te lo explicaré todo a las doce y media cuando llegue. Esperame, y bajo ningún concepto salgas de casa. Llegaré puntual no te impacientes. No es necesario que contestes. Hasta pronto.
¿Donde nacen los problemas? ¿Que no podía explicarme nada por correo? Esta chica, Luna, estaba definitivamente loca, y yo aún más por creerla. Todo era absurdo. Totalmente desconcertante, como salido de un cuento. Salí de la habitación, me dirigía al salón y sonó el teléfono. Corrí a la cocina.
-¿Sí? ¿Con quién hablo?
-¡Nora! -gritó una voz eufórica y alegre al otro lado.
-Si, soy yo, ¿quién es?
-Jack. Llamaba para preguntarte si te venia bien que quedáramos hoy, tengo ganas de verte.
-Oh, Jack. Si bueno, yo también te hecho de menos, pero hoy no se si será posible, tengo un par de asuntos pendientes.
-Demasiado tarde -sonó el timbre
Era él. Allí estaba. Miré el reloj, eran las once menos diez, no sabía si me daría tiempo. Jack seguía plantado frente a mí, en el pasillo. Sus ojos verdes reflejaban alegría, felicidad, y una extraña sensación que nunca antes había visto en sus ojos. Sonreía mientras me miraba y mantenía sus manos tras la espalda. Conocía bien esa sonrisa, traía un regalo, estaba totalmente segura.
-No era necesario -le dije mientras entraba y me daba una bolsa de la joyería de en frente.
-Claro que si, siempre es necesario.
Fuimos a la sala de estar, nos sentamos. Parecía impaciente, me dijo que lo abriera. Saqué una caja de la bolsa y rompí su envoltorio. Cuando la abrí quedé perpleja, era una medalla, una preciosa medalla con mi nombre tallado por delante y el suyo en la parte de atrás. Sus ojos se iluminaron al ver mi cara de asombro y satisfacción. Espectacular, enternecedor. Cogió la medalla y la colocó sobre mi cuello diciendo:
-Es para que nunca me olvides, y sepas que te quiero Nora, que siempre te querré.
Nos miramos, empezamos a hablar y hablar cuando sonó el timbre de la puerta de mi piso. Le dije a Jack que no se moviera de allí, y que bajo ningún concepto saliera de donde estaba; mientras, recordaba que una lunática iba a visitarme para explicarme por qué iban a matarme. Corrí al recibidor y abrí. Allí estaba, pasó a la cocina y me agarró del brazo arrastrándome con ella.
-¿Hay alguien contigo? ¿Ha venido alguien a visitarte?
-No, nadie...
-Verás, hay espías, gente infiltrada, quieren algo, algo muy especial y para eso te necesitan a ti, te quieren a ti -dijo sin dejarme acabar.
-¿De qué estás hablando?¿Qué pueden querer de alguien como yo?
-Es difícil de explicar, pero debes venir conmigo.
-Ni hablar, estás loca, vete de mi casa ahora mismo, lo siento no puedo creerte.
-Quieren tu alma... quieren tu esencia, es eso que tienes lo que te hace diferente, quizás ahora no lo entiendas pero todos tenemos una esencia, algo que nos hace existentes, lo que nos hace únicos, y lo quieren de ti.
-Mira, no se que de qué hablas solo quiero que salgas de aquí de inmediato.
Salí de la cocina, ''invitando'' a Luna a que se marchara, y cuando me di la vuelta oí como cargaba una pistola. Esa lunática pretendía matarme si no iba con ella.
-Si no vienes por voluntad lo haré a la fuerza.
Levanté las manos y me giré lentamente, me pidió que no gritara ni intentara pedir auxilio o me mataría. Jack estaba allí dentro, y a mi iban a matarme. Todavía no le había dicho lo mucho que lo quería ni tampoco que me gustaría pasar el resto de mi vida junto a él. Entonces seguida por un impulso, como arrastrada por algo, grité. Recibí un fuerte golpe, caí al suelo y escuché un disparo. Pensé que había muerto, que ya no respiraba, que todo se había acabado y pensé en Jack. Entonces desperté y vi sus ojos allí arriba, tan lejos, tan tiernos. Pude sentir su calor, su ternura. Me incorporé y me senté a su lado. Estaba tumbada sobre su pecho, podía sentir como su corazón latía.
-¿Qué ha pasado Jack? ¿Quién era esa tal Luna? -pregunté
-Ella ha muerto, tranquila, todo va a salir bien, te lo prometo...
Sus palabras sonaron tan dulces, tan convincentes. Entonces nos miramos. Me abrazó.
-Sabes, cuando estaba a punto de morir me arrepentí de no haberte dicho antes que te quiero que quiero pasar el resto de mi vida junto a ti y que te necesito- dije acompañando un suspiro
-Nora, yo también siento eso por ti, pero me temo que solo podremos estar juntos hasta que me vaya -dijo Jack muy apenado. Me besó- Lo entenderás. Te querré siempre Nora.
Se levantó de la cama y se marchó sin más, solo podía llorar, cuando escuché una ambulancia. Creí que solo pasaba, pero estaba en la calle justo al lado de la puerta del portal. Tiraron la puerta de mi casa abajo y cuando salí a ver que pasaba unos policías me agarraron y me llevaron fuera. Jack había muerto. Salí a la calle, dejando que el viento secara mis lagrimas mientras caían. Aquel disparo destruyó mi esencia y sin más me marché para siempre de allí sufriendo el dolor de mi propio engaño.
*****
Es un tanto extensa, lo sé, pero bueno con un poco de paciencia, espero que os haya gustado y que veais que muchas veces, nuestra esencia, nuestra propia alma, no reside en nosotros mismos sino en otra persona. Gracias.
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